La cara más idónea para “otro” Pepedegá sin Feijoo

De casta le viene al galgo. Pedro Puy Fraga lleva la política en el ADN. Es hijo del catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Santiago Francisco Puy Muñoz y de Rosario Fraga Iribarne, una de las hermanas de Don Manuel. Paco Puy fue el autor intelectual de la reconversión de aquel Fraga contrario al título VIII de la Constitución en un autonomista convencido, defensor de la teoría de la “Administración única”, y en un galleguista moderado, en la línea de la “Xeración Nós”. Charo Fraga fue, como jefa de su gabinete, colaboradora directa pero discreta del desaparecido Xosé Cuiña, el malogrado delfín de Fraga, defensor de un galleguismo integrador y sin embargo, según dijo él mismo, próximo a la autodeterminación.

Es la Pedro Puy una de las cabezas mejor amuebladas de las que conforman el sanedrín de Feijoo. Lo es por su vasta formación académica y por la curiosidad intelectual que le mueve a leer todo tipo de literatura pero especialmente ensayo político o económico y a interesarse por las nuevas corrientes ideológicas, no sólo en el ámbito del pensamiento conservador. A ese amplísimo bagaje cultural une un carácter afable y una gran capacidad de diálogo e interlocución que ha llevado a sus contrincantes políticos a bautizarlo como la cara amable del PP. Ejerce la portavocía de los populares en el Parlamento gallego con una contundencia no exenta de buenas maneras, adornadas por el habitual recurso a la ironía. Es un parlamentario brillante y bragado, que sabe rentabilizar los puntos débiles del adversario situándolo ante el espejo de sus contradicciones.

No es falsa modestia, ni impostura. Le incomoda que le incluyan en las quinielas sucesorias y no lo oculta. No una, sino varias veces, ha manifestado públicamente Pedro Puy el deseo de volver a un segundo plano de la actividad política el día que Feijoo no esté al frente de la Xunta y del PP gallego. No quiere que la política sea su profesión. Su propósito a medio plazo es reincorporarse a las aulas como profesor de la Facultad de Derecho de la USC y, si acaso, colaborar con el partido sin cargos de relevancia. Claro que es consciente de que no lo tiene fácil porque, sea quien sea el sustituto de Don Alberto, querrá contar con él como colaborador, ya sea manteniéndolo en su puesto actual o encomendándole nuevas tareas. No andan los populares gallegos muy sobrados que digamos de perfiles tan sólidos como el suyo.

Seguro que Pedro Puy tiene una idea clara de quién debería ser el sustituto de Feijoo. Y se la dirá a él si le consulta. Sin embargo, en la medida de lo posible, piensa mantenerse ajeno al proceso sucesorio. Y procurará que no perjudique el trabajo que viene desarrollando el grupo parlamentario popular. Al fin y al cabo ese es su dicasterio, la tarea a la que consagra la mayoría de sus esfuerzos, al menos por ahora. Y, salvo que las circunstancias le cambien sus planes, ahí querría quedarse hasta el final de legislatura para después pasar a la reserva. Ahora bien, hay mucha gente a todos los niveles, en el PP y en su entorno, a la que le gustaría ver a Puy asumir nuevas y mayores responsabilidades. Son los mismos sectores que, mal que le pese, le consideran uno de los candidatos más adecuados para poner cara en Galicia al nuevo Partido Popular, el PP 3.0, que necesariamente tendrá que refundar quien al final ocupe el despacho de Rajoy… sea Feijoo o el sursuncorda.

 

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