Rodríguez Pardo, o cuando el Pesedegá jugó a ser galleguista y autónomo

Descanse en paz José Luis Rodríguez Pardo. Ha muerto en A Coruña, a los 81 años, uno de los protagonistas de la Transición en Galicia, que después asumiría un destacado papel en los primeros pasos de la autonomía, un socialdemócrata profundamente galleguista y federalista convencido, con quien el Pesedegá tiene una inmensa deuda de gratitud que reconocen algunos de sus actuales en sus sentidos mensajes de despedida al viejo “compañero”. Rodríguez Pardo, que incluso había impartido clases de lengua gallega, desarrolló además en los últimos años de la dictadura el activismo cultural junto a los sectores nacionalistas que apostaron por abrir un frente culturalista contra el franquismo que se plasmó en la creación de asociaciones y agrupaciones culturales en ciudades y villas de todo el país. Abogados de profesión, durante casi tres décadas, fue diputado en Cortes, senador, diputado autonómico en varias legislatura y ocupó cargos en la administración central con gobiernos socialistas.

Su muerte se produce justo cuando acaban de cumplirse cuarenta años de la incorporación al PSOE gallego de un grupo de algo más de cien antiguos militantes del Partido Socialista Galego, aquel PSG que lideraba Xosé Manuel Beiras. Entre ellos, además de Rodríguez Pardo, figuraban Ceferino Díaz, “Panchulo” González Amadiós, Xaime Barreiro, Xerardo Estévez, Fernando González Laxe, Segundo Pardo-Ciórraga o Antón Louro. El PSG había quedado muy tocado por el estrepitoso fracaso cosechado unos meses antes en las primeras elecciones generales, las del 15-J. El partido de Felipe González, sin apenas implantación ni estructura propia en Galicia, dio la sorpresa al convertirse, como en el resto de España, en la primera fuerza de la izquierda. Beiras y los suyos desecharon la posibilidad de concurrir en una candidatura única con el PSOE, como hicieron los socialistas catalanes, y lo pagaron muy caro.

Apenas un año después de incorporarse al PSOE, José Luis Rodríguez Pardo fue elegido primer secretario general del que pasó a denominarse Partido dos Socialistas de Galicia-PSdeG (no podía utilizar las siglas PSG porque las tenían registradas los de Beiras). El Pesedegá se había dotado de una autonomía orgánica (ya no era una mera sucursal o una simple franquicia) y de un programa político incardinado en los parámetros del socialismo democrático y comprometido en la lucha por la autonomía política para Galicia, a la que reconocía su identidad nacional. Ese componente de galleguismo cuasi nacionalista se vio reforzado posteriormente con la llegada de un grupo de cuadros procedentes del Partido Comunista de Galicia, entre ellos el que sería presidente de la Xunta Emilio Pérez Touriño.

Como representante del Pesedegá, Rodríguez Pardo participó en los trabajos de redacción del primer anteproyecto de Estatuto de Autonomía, que quedó para la historia como “O Estatuto dos Dezaséis”. Era una propuesta muy ambiciosa que a la hora de la verdad no tuvo demasiada trascendencia. Fue desdeñada por las grandes fuerzas políticas que tomaban parte en aquella comisión. Se lo impusieron sus direcciones nacionales, que pretendían que Galicia no alcanzase el mismo nivel de autogobierno que Cataluña y el País Vasco y se conformase con una mera descentralización administrativa, la misma que se pensaba recetar al resto de las futuras comunidades autónomas (ahí nació la idea del “café para todos”). Todo lo que sucedió hasta la aprobación del Estatuto vigente está contado al detalle, entre otros, por José Luis Meilán y Ceferino.

Mucho antes de que José Luis Rodríguez Pardo abandonase la primera línea política, el PSdeG había empezado a renunciar a dos de las señas de identidad que le imprimieron sus refundadores, sobre todo los que provenían del PSG: el galleguismo y la autonomía orgánica respecto al PSOE. Después de Touriño, los sucesivos secretarios generales estuvieron demasiado ocupados en encarnizadas luchas de poder como para preocuparse por las cuestiones programáticas. El socialismo gallego está ideológicamente un tanto desnortado y en lo orgánico ahora es Ferraz quien más ordena. O eso parece.

 

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