El chasco de Pilar Cancela

Pilar Cancela estaba en todas las quinielas. Durante un par de días fue una especie de ministra sin cartera. Hasta los periódicos más serios daban por seguro que ocuparía algún ministerio, no en balde formaba parte del “gobierno en la sombra” designado por Pedro Sánchez a las puertas de las elecciones generales de 2016. A pocas horas de que Sánchez hiciera público su equipo, solo faltaba por concretar el departamento que le sería asignado (probablenente Agricultura). En cuanto se filtraron los primeros nombres de los nuevos ministros, pesos pesados de la política, técnicos y profesionales altamente cualificados y algún que otro personaje mediático, incluso la gente más cercana a Cancela empezó a albergar serias dudas de que finalmente apareciera en la tradicional foto de familia que se hace cada nuevo gabinete en las escaleras de La Moncloa.

Y los temores acabaron confirmándose. Al final Pilar Cancela se queda compuesta y sin ministerio. Si acaso, habrá de conformarse con un cargo de segundo nivel, donde al parecer sí habrá una amplia representación gallega. Tampoco es descartable que Sánchez refuerce su posición en el Congreso, en el grupo parlamentario socialista, donde hay mucho trabajo político que hacer para garantizar los apoyos que el Gobierno necesita para sacar adelante sus iniciativas. Ahí Cancela estará al lado de Adriana Lastra, como ella, fiel escudera del nuevo presidente antes y después de su defenestración, y que, bien mirado, se merecía ser ministra tanto o más que la diputada gallega.

Es probable que, si no por acción, al menos por omisión, Gonzalo Caballero haya tenido mucho que ver en el chasco que se llevó Cancela. El secretario general del Pesedegá no la tiene en especial estima. Desde luego, no es persona de su confianza. Lo evidencia el hecho de que quien fuera responsable de la gestora creada tras la renuncia de José Ramón Gómez Besteiro no forma parte de la nueva comisión ejecutiva regional, a pesar de la cercanía de Doña Pilar a Pedro Sánchez y de ser también Caballero un “sanchista” de primera hora.

Según su líder, los socialistas gallegos no se sienten ninguneados por carecer de representación en el nuevo Gobierno. Porque Nadia Calviño es coruñesa (únicamente) de nacimiento, es madrileña de adopción y tiene en Bruselas sus garbanzos como alta ejecutiva de la Unión Europea. No puede -ni pretende- ser la cuota gallega. Pero no hay motivo de preocupación. Lo que le interesa a Caballero es que los nuevos ministros sean sensibles a los problemas de Galicia y está convencido -y dice que le han dado garantías- de que nuestra comunidad recibirá mejor trato de Moncloa que con el gallego Rajoy de presidente. Aún así, por la cuenta que le tiene, el líder del Pesedegá estará vigilante para evitar agravios. No le debería resultar difícil convencer a Sánchez de que la mejor arma para acabar con el último gran bastión del poder territorial del PP -algo que les conviene a ambos- es que el ejecutivo socialista sea generoso con Galicia y que se note. Las circunstancias son propicias: con En Marea en convulsión interna y Feijoo despegando hacia Madrid, es ahora o nunca.

 

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