Vía libre para el despegue de Feijoo

Aunque él dice haber votado a Felipe González en 1982 y 1985, cree que Suárez y Rajoy han sido los mejores presidentes de Gobierno que ha tenido España. Hasta ahí llegaron los elogios de un emocionado Núñez Feijoo a su amigo Mariano, a quien intentará suceder al frente del Partido Popular en el proceso de renovación que se pondrá en marcha en los próximos días, una vez que el casi hasta ayer inquilino de La Moncloa anunció, por sorpresa, al comité ejecutivo nacional que se echa a un lado y pone fin a casi cuarenta años de intensa vida política.

Feijoo no conspiró nunca contra Rajoy, ni aceptó ser el Judas que le traicionara, como le pidieron algunos. Siempre fue le fue leal. Pero el inesperado mutis de su mentor político cambia por completo el escenario. El de Os Peares tiene ahora vía libre para despegar definitivamente rumbo a la política nacional. Esa ha sido su gran aspiración casi desde el mismo día en que, por la crisis del “Prestige”, se vio obligado a regresar precipitadamente a Galicia para preparar el relevo de Fraga dejando atrás los altos cargos que había ocupado en la administración Aznar, de quien ahora parece renegar. En los últimos tiempos ya no disimulaba la pereza que le producían los avatares de la política gallega.

Los “barones” regionales del PP apuestan mayoritariamente por Feijoo. Eso le da clara ventaja frente a sus principales rivales: Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, cuyo enconado enfrentamiento desaconseja la elección de una de ellas, porque el partido quedaría abierto en canal en un momento de máxima debilidad por el desalojo de La Moncloa y el escaso poder autonómico y local que mantiene. Además, Don Alberto tiene feudo consolidado y poder territorial. Gobierna Galicia con mayoría absoluta holgada y es además, con diferencia, el dirigente popular mejor valorado por sus conciudadanos. Por ahí, no tiene rival.

A pesar de todo, a Feijoo preferiría no ser el único candidato a la presidencia nacional del PP. Le encantaría medirse -al menos en las primarias previas al congreso- con algún otro aspirante (o aspiranta) de peso, como en el proceso, a su entender democráticamente ejemplar, en el que sucedió a Fraga al frente del Pepedegá en 2006. Los retos le motivan. Y aunque no cree en eso de la “nueva política”, asume que en los tiempos que corren ya no cabe el “dedazo” puro y duro. A su entender, también los “viejos” partidos deben ser apostar sin reservas por fórmulas que depositen en los militantes la responsabilidad última de elegir directamente a sus líderes. Y Don Alberto está convencido de que, llegado el momento, el Pepedegá dará una nueva lección de democracia interna en ese sentido cuando toque -si toca- elegir a su sustituto.

 

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