Adiós a la “voz ceibe” de Benedicto

No mucha gente sabe que José Afonso cantó por primera vez “Grandola, vila morena” en Santiago de Compostela en mayo de 1972. La canción que serviría de señal para que, dos años después, los militares portugueses desencadenaran la revolución de los claveles emocionó a los asistentes a un histórico recital, en la desaparecida residencia estudiantil del Burgo de las Naciones. Un concierto que fue posible gracias a la amistad de Zeca con Benedicto, aquel joven cantautor gallego, de militancia comunista y vocación sindicalista, sin cuya voz y cuya guitarra no se entendería el “Movimento da Canción Popular Galega” que posteriormente derivó en las recordadas “Voces Ceibes”.

Benedicto García Villar acaba de fallecer a los 71 años, apenas año y medio después de la muerte de su amigo Bibiano Morón, con quien actuó en muchas ocasiones. Ambos compartieron, además de escenarios, míticas grabaciones que constituyen auténticas reliquias para los gallegos que participaron en la lucha contra el franquismo y protagonizaron en las aulas universitarias compostelanas un revolucionario marzo del 68, anticipándose unos meses al mayo francés. Bibiano y Benedicto se complementaban en su forma de entender la música y en su manera de asumir el compromiso cívico en aquel tiempo y en aquel país en que les tocó vivir su juventud.

Aquejado desde hace tiempo de una cruel enfermedad degenerativa, Benedicto tuvo la suerte de recibir en vida los reconocimientos de los que era merecedor por su trayectoria como polifacético activista y por su compromiso con la lengua y la cultura gallega. En todos esos homenajes, auspiciados principalmente por el sindicato del que fue dirigente, Comisiones Obreras, y por la “Fundación Dez de Marzo”, se constató la capacidad aglutinadora de la figura de Benedicto entre sectores sociales progresistas, galleguistas y nacionalistas que no suelen coincidir en sus planteamientos políticos ni sindicales y que no pocas veces mantienen roces históricos dificilmente comprensibles para las nuevas generaciones de la izquierda gallega.

Vicente Araguas, otro destacado miembro de “Voces Ceibes”, despide a su admirado “Ito”, como le conocían su familia y amigos, como un “home enteiro”. Fue alguien que supo convivir con las contradicciones propias de un cristiano ferviente que se hace comunista para ser, con otros, la voz de un pueblo que vivía oprimido por la bota de una dictadura implacable a la que aquellos cantautores beligerantes contribuyeron a derribar con el arma blanca de la palabra cantada. Benedicto era de los que reconocían que la oposición democrática tuvo que hacer demasiadas, y muy dolorosas, concesiones en el pacto de la Transición. También él veía necesario resetear el Régimen del 78 para instalar en España una verdadera democracia del siglo XXI, pero sin renegar de quienes pagaron un alto precio por sacarnos de la “longa noita de pedra”.

 

 

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