Los beneficiarios gallegos de la moción de censura

Por lo general, al Pesedegá suele irle muy bien cuando hay un presidente socialista en La Moncloa. Así sucedió tanto en la etapa de Felipe González como en la de Zapatero. Véanse y analícense los resultados electorales de las últimas décadas. Tan es así que Laxe y Touriño llegaron a la presidencia de la Xunta, el uno por una moción de censura y el otro por pacto postelectoral con el Benegá, en los momentos en que el partido fundado por el ferrolano Pablo Iglesias ostentaba el Gobierno de España. De ahí que estos días se respire un aire de cierta euforia en la sede regional de O Pino en Santiago, desde donde se divisa a pocos metros el complejo administrativo de San Caetano que el PSOE sueña con reconquistar, si todo va bien, de aquí a un par de años, en las elecciones autonómicas del 2020. A ese objetivo están convencidos que contribuiría decisivamente el posible desembarco en la calle Génova de Alberto Núñez Feijoo.

Dice el lúcido analista Anxo Lugilde que a Gonzalo Caballero, secretario general de la “sucursal gallega” del PSOE, acaba de aparecérsele la Virgen con el triunfo de la moción de censura contra Mariano Rajoy. No sólo mejoran sus expectativas electorales, por aquello de que hay gente que por sistema vota poder; además habrá al menos una ministra gallega (Pilar Cancela, por su proximidad a Pedro Sánchez, está en todas las quinielas) y, probablemente por la vía del nombramiento de altos cargos aquí y en Madrid, se despeje limpiamente el camino para que Caballero entre en el Parlamento gallego y pueda asumir el liderazgo de la oposición a Feijoo que ya no ejerce, por razones obvias, el aún portavoz e En Marea, Luis Villares.

Sin embargo, lo que es bueno para Caballero y el Pesedegá puede no serlo tanto para Galicia como país. Aunque no es probable que el contexto permita a Pedro Sánchez abrir en serio el melón de una reformulación del Estado autonómico, la ausencia en ese debate de una voz -y de una fuerza política- nítidamente gallega, como lo fue en su día la del Benegá, situaría a nuestra comunidad en una posición de desventaja frente a Cataluña y Euskadi, máxime cuando los grupos políticos catalanas y vascos son decisivos para la viabilidad de un gobierno socialista en situación de minoría muy minoritaria.

Auténtica alarma causó en distintos ámbitos del nacionalismo y el rupturismo gallego que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, planteara a Sánchez la necesidad de reconocer jurídicamente los “hechos nacionales” de Cataluña y el País Vasco, sin mencionar para nada a Galicia, que en el marco general del debate de la moción de censura quedó reducida a una autonomía de segunda. Algo que indignó, con razón, a los diputados de En Marea, singularmente a los representantes de Anova, la formación que surgió de la escisión del Benegá encabezada por Beiras.

La gente del Bloque, con Ana Pontón a la cabeza, confían en que ante ese riesgo evidente y el fiasco que a su entender supone el experimento En Marea, el electorado gallego se planteará volver a enviar a la Carrera de San Jerónimo a algún diputado cien por cien nacionalista. Estiman que ese clima también les ayudará, junto al trabajo de cada día en O Hórreo, en el Parlamento Europeo, y en diputaciones y ayuntamientos, a recuperar posiciones en las próximas convocatorias electorales. Con la ventaja añadida de que a ellos, a diferencia del PSOE -y no digamos del PP-, el aterrizaje de Ciudadanos no les debilitará; por el contrario puede aportarles los votos de quienes sin sentirse nacionalistas creen que el autogobierno, aún manejado porque quienes no creían inicialmente en él, ha sido un instrumento clave para la modernización de Galicia, que hay que defender sobre todo de quienes, como los de Albert Rivera, plantean fórmulas recentralizadoras.

 

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