En tercera persona

El sujeto de sus oraciones nunca es un yo, sino su nombre de pila y el primer apellido. Véanse los periódicos de estos días. Manolo Martínez es de esos individuos que se refieren a sí mismos en tercera persona, un comportamiento que, para algunos evidencia que tiene una elevadísma autoestima con ribetes narcisistas y para otros, sin embargo, es un mecanismo con el que disimular un acentuado complejo de inferioridad. Uno se ha encontrado con gente así en las más diversas situaciones, pero sobre todo en contextos de máxima tensión y estrés, que es cuando el subconsciente deja asomar aspectos problemáticos de la personalidad que están ahí pero que no se manifiestan cuando impera la tranquilidad.

El alcalde de Becerreá, expulsado definitivamente del PSOE por su actitud díscola con sus compañeros socialistas en la Diputación de Lugo, acaba de protagonizar un triste y bochornoso espectáculo que concluyó con su expulsión del Pazo de San Marcos a cargo de un par de agentes de seguridad privada. Martínez insultó gravemente al presidente, su antiguo compañero y amigo Darío Campos, y a los miembros del equipo de gobierno. El un episodio de esta semana pone fin, por ahora, a un culebrón político que arranca tras las elecciones municipales de 2015, cuando su partido no le designa para presidir la Corporación provincial. Él creía tener derecho al cargo una vez que, por los avatares judiciales, no lo pudo seguir ocupando Gómez Besteiro y la sustituta natural de éste, Lara Méndez, se convirtió en alcaldesa de Lugo ante la renuncia forzada de López Orozco.

El PP gobernó durante unos meses la Diputación luguesa al negarse Martínez a apoyar la candidatura de Darío Campos. Sin embargo, ambos alcanzaron un acuerdo que le devolvió el bastón de mando a los socialistas a cambio de una vicepresidencia para el regidor de Becerreá. Era un pacto, por lo que se ve, cogido con alfileres y basado en la desconfianza recíproca, que acabó generado el sindiós que hoy reina en la institución luguesa.

Pues bien, enrabietado por las últimas decisiones del equipo de Darío Campos, Manolo Martínez no se dá por vencido. Está decidido a hacerle la pascua al PSOE lugués. Para ello, intentará revalidar la alcaldía de Becerreá ahora como independiente, al tiempo que promueve una suerte de plataforma de independientes que se presentará en varios concellos con el fin de alcanzar algún escaño en la Diputación. En ella tendrán cabida descontentos o marginados por sus antiguos partidos, algunos de ellos al parecer ya en tratos con Ciudadanos.

Es obvio que el ínclito Martínez no le cae bien a casi nadie. Ni siquiera al PP, que ha sido, es y va a ser el principal beneficiario de su desquiciada estrategia. Aunque les conviene que esté ahí, vivo y coleando, los populares no le querrían en sus filas. No se acaban de fiar de él. Y además temen que no les aportaría apenas votos (más allá de los que obtenga en su concello) y en cambio podría ahuyentar a miles de fieles votantes “populares” que no se fían de los políticos personalistas y egocéntricos, caprichosos e impulsivos, liantes e indisciplinados, y menos aún de aquellos que son incapaces de sacrificar sus aspiraciones particulares o de clan por el interés superior del partido. Vaya a donde vaya, lo que no va a aportar Manolo Martínez es la seriedad, la sensatez, la prudencia, la dignidad y menos aún la respetabilidad de la que tan necesitada está la vida pública… y no sólo en Lugo.

 

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