La “desparalización” del Gaiás

Hace ahora cinco años, en plena crisis, Feijoo anunciaba la paralización definitiva de las obras de la Cidade da Cultura. La decisión suponía dejar inconcluso el proyecto de Peter Einsseman, renunciando a la construcción de dos de los edificios diseñados por el arquitecto norteamericano, el Centro de Arte Internacional y el Palacio de la Música. Fueron más bien pocas -y apenas se escucharon- las voces críticas con la esa medida drástica adoptada sorpresiva y personalmente por el presidente de la Xunta, aprovechando una iniciativa parlamentaria del Benegá. Pero ciertamente hubo quien consideró un error desistir de completar el complejo, cuando lo razonable era aplazar las obras pendientes y esperar a disponer de los recursos necesarios para retomarlas. Sin lo que quedaba pendiente, el diseño arquitectónico del Gaiás se quedada cojo y ya nunca podría ser apreciado en toda su grandeza y originalidad.

Parece que Feijoo se lo ha pensado mejor. En uno de los huecos de las construcciones paralizadas se levantará el “Edificio Fontán”. Se aprovechará la estructura existente, de modo que el inmueble costará solo diecisiete millones de euros o tal vez un poco más, si, como es habitual, hay que revisar sobre la marcha el presupuesto inicial. En él se ubicarán el Consorcio Interuniversitario y el Centro Integrado de Servizos Interuniversitarios, dos organismos que prestan apoyo a las tres universidades gallegas. Al parecer, más adelante también albergará un futuro Centro Europeo de Investigación en Paisaxes Culturais.

Explica Don Alberto que la decisión de lo que no deja de suponer la “desparalización” de la Cidade da Cultura responde a la aplicación del “sentidiño económico”, que a la Administracion autonómica le sale más barato construir el “Edificio Fontán” en el Gaiás que en cualquier otra ubicación y que además se producirán ahorros significativos en servicios complementarios que va a compartir con el resto del complejo. O sea, todo lo contrario al gasto suntuario, al despilfarro o la cantilena de la obra faraónica y del mausoleo de Fraga.

Seguramente Feijoo cree que el argumento del ahorro de costes le exime de reconocer que en realidad se está enmendado a sí mismo, que la paralización definitiva era un error y que tenía todo el sentido aplazar “sine die” las obras pendientes pero no había necesidad de renunciar a rematar en su totalidad un proyecto que quedará para el futuro como una atracción para el turismo cultural y como un emblema de modernidad de un pequeño país que, con los pies en la tierra y sin perder la cabeza, tiene derecho a pensar en grande a la hora de proyectarse hacia el futuro.

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