Xulio Ferreiro y el “casoplón” de la discordia

El alcalde de A Coruña considera políticamente irrelevante que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y su pareja, la portavoz parlamentaria del partido, Irene Montero, hayan adquirido por seiscentos mil euros un chalé de lujo en las afueras de Madrid. Xulio Ferreiro entiende que se trata de un asunto privado que solamente debería tener trascendencia pública si no estuviera claro de dónde sale el dinero para la compra o tratasen de ocultar la operación. Para el regidor herculino, lo que habría que preguntarse en este caso es si es normal que el mercado inmobiliario marque esos precios en viviendas de zonas residenciales a cincuenta kilómetros de la capital. A él no le interesa para nada lo que denomina despectivamente “la salsa rosa de la política”.

A criterio de Ferreiro, la diferencia entra la nueva y la vieja política no puede estar en el tipo de casa, más o menos lujosa, en que viven unos y otros, sino en la capacidad que tienen, o dejan de tener, de tomar decisiones contra los intereses de los poderes fácticos. Allá cada cual con la coherencia entre la vida privada y sus ideas políticas o con su autoexigencia ética. Ese es el mensaje que se desprende de las declaraciones del líder de la Marea Atlántica a la Cadena Ser, en las que también se mostró convencido de que los coruñeses renovarán el año que viene su confianza en él y en su equipo de gobierno municipal de modo que podrá seguir siendo alcalde.

En las bases de Marea Atlántica, y más aún entre determinados sectores de sus votantes, la decisión de Iglesias y Montero de comprarse un “casoplón” de cien millones de las antiguas pesetas no ha sido recibida con el mismo nivel de indiferencia que muestra Xulio Ferreiro. Lo mismo ocurre seguramente entre los dirigentes y muchos de los inscritos de En Marea, sobre todo los que no están directamente vinculados a cualquiera de las corrientes de Podemos. Todos preferirían que el asunto decayera -porque con el tiempo acabaría decayendo- y que los afectados no hubieran entrado al trapo. La convocatoria de una consulta a las bases sobre si la pareja debe continuar en sus respectivos cargos seguirá alimentando la polémica y desgastando la imagen del rupturismo.

La situación es especialmente incómoda para las caras visibles del partido de Iglesias en Galicia, que se afanan estos días en orillar la polémica como pueden. Tambien para gente relevante de Anova y de Esquerda Unida que tiene vínculos de amistad personal con aquel joven polítólogo madrileño que asesoró los fundadores de AGE, el antecedente de En Marea y en cierto modo del propio Podemos. Ese podría ser el caso de Xosé Manuel Beiras o de Yolanda Díaz. Con seguridad ninguno de los dos aprueba la decisión inmobiliaria de Pablo e Irene, aunque que Beiras, al que algunos de sus detractores se refieren como “O señorito da Reboraina” (un personaje novelesco de Otero Pedrayo), viva en una casa solariega en Brión con una amplia finca anexa, algo parecido a un pazo.

Ninguno de ellos habría contestado lo que contestó Xulio Ferreiro al ser preguntado por la “mansión de los Iglesias-Montero” porque lo consideran, no sólo incongruente con el pensamiento y la práctica política de Podemos y sus confluencias, de aquellos que dicen representar a “los de abajo”, sino incluso “una práctica inmobiliaria de alto riesgo” de las que, por su propia irresponsabilidad y la de cierta banca, muchos miles de familias españolas se vieron abocadas a situaciones límite. Estando la polémica -por el interés de quien sea- en el centro de un intenso debate político, lo que no cabe es considerar que se trata de una cuestión menor, ni que se circunscribe al ámbito privado. Menos aún desde el momento en que los propios afectados decidieron implicar a toda la organización en una consulta plebiscitaria y vinculante que alguno, con toda la ironía, ha ya dado en llamar “pabliscito”. En Galicia tal vez lo pierda. Se admiten apuestas.

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