Villares gana aunque Quinteiro no renuncie

Que las bases digan lo que quieran. A ella le da lo mismo, que lo mismo le da. Paula Quinteiro no piensa renunciar a su escaño aunque la mayoría de los inscritos e inscritas de En Marea se lo pidan en la consulta anunciada para el próximo 22 de mayo. La diputada anticapitalista tiene la intención de llevar hasta el final, y con todas sus consecuencias, el desafío a los órganos de la plataforma rupturista que le exigen que asuma responsabilidades políticas por el incidente que a mediados de marzo protagonizó con la Policía local de Santiago que le realizaba un control ante una denuncia por vandalismo callejero. Para Quinteiro, que sigue manteniendo que en realidad no ocurrió lo que se dice que ocurrió, la consulta vía “Telegram” no es el procedimiento adecuado, al no ofrecerle unas mínimas garantías en cuanto a poder defenderse de las acusaciones que se le formulan. Ella preferiría un plenario, donde podría verse las caras con quienes le reclaman el acta y debatir abiertamente sobre la situación generada en torno a su persona. En su caso, asegura que sí que aceptaría el resultado del proceso revocatorio previsto en los estatutos del partido instrumental.

Luis Villares, líder orgánico (al menos nominalmente) y portavoz parlamentario de En Marea, asumió desde el principio que Paula Quinteiro no pensaba en dimitir, al no creer que haya vulnerado el código ético ni de su grupo ni de su partido. Aún así el magistrado en excedencia emprendió una encarnizada batalla interna para conseguir la renuncia voluntaria de la joven diputada o su desautorización por la mayoría de las bases. Según sus críticos, Villares lo hace principalmente para afianzar un perfil político propio y marcar territorio, remarcando su independencia frente a quienes militan (a la fuerza) en En Marea, pero en el fondo se deben a los intereses y las directrices de sus respectivos partidos. Y desde ese punto de vista no le está saliendo mal del todo, porque el “caso Quinteiro” está obligando a tirios y troyanos a retratarse, aunque no quieran.

Partiendo del convencimiento de que los inscritos se mostrarán mayoritariamente partidarios de la renuncia de Quinteiro, Luis Villares confía que en cualquier caso saldrá reforzado por la consulta. Le será provechosa aunque la pierda. Ya de por sí constituyó un notable éxito personal lograr que se convocara. Ese duro pulso lo ganó, partiendo de una posición minoritaria. Y ni siquiera le perjudicaría en ese sentido que la diputada en cuestión desoiga a las bases y se aferre al cargo, dado que la imagen de la parlamentaria “podemita” habrá sufrido un considerable desgaste hacia adentro y hacia afuera.

La afirmación de Paula Quinteiro de que su renuncia sería una baza para el PP, argumento que ya utilizaron reiteradamente sus valedores, ha acabado de reafirmar a Luis Villares en la convicción de que la diputada es un lastre del que han de desprenderse quienes, como él, aún siguen creyendo que En Marea nació, entre otros objetivos, para elevar el listón de la ética en la política gallega, para ser la verdadera alternativa al viejo juego del “quítate tú para ponerme yo”. Al igual que una parte sustancial de quienes le acompañan en esta aventura, Villares piensa que es la permanencia de Quinteiro en O Hórreo lo que en el fondo querría el PP para tener un punto débil por donde atacar. Así, cuanto le conviniera, podría acusar a los “mareantes” de ser como los demás, defendiendo lo indefendible cuando se trata de uno de los suyos. El mutis de Quinteiro, en cambio, dejaría a los de Feijoo sin uno de sus argumentos favoritos contra la Marea: que la nueva política no es tan diferente de la vieja, al menos en eso de aferrarse al sillón aún a costa de renunciar a los principios.. o de ser incoherente.

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