La Manada, Luciano Méndez, libertad de expresión

Luciano Méndez Naya es profesor titular de matemáticas en la Facultad de Económicas de la Universidad de Santiago. Como la mayoría de sus compañeros docentes, probablemente seguiría siendo un perfecto desconocido fuera de las aulas de no ser por un “comentario sexista” dirigido a una discípula que hace un par de años le costó una sanción de dos meses de suspensión de empleo y sueldo (se quejó de que su escote le distraía). La reacción de una parte de sus alumnas y alumnos, que en plena clase se despojaron de las camisetas en protesta por su actitud machista, dio lugar a incidentes verbales ante los cuales al Rectorado no le quedó otra que tomar cartas en el asunto.

Ahora el profesor Méndez vuelve a reclamar la atención de los medios informativos por colgar en su facebook un vídeo de doce minutos -que se ha vuelto algo más que viral- en el que da su opinión sobre la sentencia de La Manada. Reclama la absolución de los cinco miembros del grupo, por considerar que lo que para la mayoría de las voces que se escuchan estos días constituyó una violación múltiple como la copa de un pino y para los magistrados que juzgaron los hechos no pasó de un delito de abusos, fue en realidad una orgía. A criterio del docente, la chica “sabía a lo que iba”, se deja hacer y disfruta. En lo que denomina su “reflexión seria”, no descarta que agresores y agredida, sin saber las consecuencias que podría acarrearles, hubieran pactado la presentación de una denuncia para que ella pudiera pedir la píldora del día después.

Si lo suyo son los números y el cálculo, está fuera de duda que, cuando grabó su perorata para difundirla en las redes sociales, Méndez era plenamente consciente de que le caería la del pulpo, máxime sabiendo que por sus antecedentes ya estaba en el ojo del huracán. Ni el anuncio de que la USC le abre un nuevo expediente, ni la posibilidad de ser denunciado penalmente por sus palabras, ni el únánime rechazo cosechado por su alegato (una reacción, en su opinión, desmedida y desproporcionada, con amenazas incluidas), han servido para que rectifique o se disculpe. Por el contrario, se reafirma en su análisis punto por punto y además cree que esta vez las autoridades universitarias no podrán sancionarle, porque se trata de “opiniones personales” que formula desde su casa y en su cuenta particular de facebook. “O yo, por ser profesor universitario, ¿tengo que estar callado?”, se pregunta.

Luciano Méndez es un matemático. No es jurista, ni filósofo. Eso sí, se considera una persona racional, que analiza datos y saca conclusiones. Ha demostrado que no le importa ir contracorriente. Dice lo que piensa y punto. En este mediático caso, cree sintonizar con una parte de la sociedad, la que no comulga con el discurso aparentemente mayoritario que ha sacado a la calle a miles de personas, no sólo mujeres, ni feministas, escandalizadas por una sentencia que después de todo supone una condena de nueve años de prisión y cinco de libertad vigilada para los miembros de La Manada. En opinión del profesor compostelano, hay mucha gente que como él considera excesiva la reacción que, también en el ámbito político e institucional, ha generado una resolución judicial que ni siquiera es firme.

Bien mirado, lo que el Méndez sostiene en sus controvertidos vídeos coincide en lo esencial con el contenido del voto particular del magistrado partidario de absolver a los cinco jóvenes de las acusaciones que pesan sobre ellos, ese al que del ministro de Justicia para abajo ha crucificado media humanidad. La principal -casi única- diferencia radica en la chabacanería, impropia de un profesor universitario, con la que el matemático enhebra su “discurso”, utilizando expresiones de lo más vulgar o refiriéndose despectivamente a la presunta víctima como una “tipa” o como “neniña”. Esa manera de decir las cosas no puede ser del agrado ni siquiera de quienes comulgan con el fondo de sus argumentaciones.

Un simple repaso por los comentarios que, “trolls” aparte, dejan los lectores de los periódicos digitales al pie de las noticias sobre este caso permite llegar a la conclusión de que hay un sector de la ciudadanía, más o menos amplio, coincidente o no con su criterio, que defiende el derecho de Luciano Méndez a decir lo que piensa en un asunto de debate público, a ser políticamente incorrecto y hasta a ofender a troche y moche con sus opiniones. Y es que para muchos -incluido el que suscribe- la libertad de expresión debe amparar incluso a “tipos” tan ordinarios y zafios como este señor. O mal andamos…

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