Una verdad que en el fondo no interesa a nadie

Ocho años después, la fusión de las cajas gallegas sigue levantando ampollas. Sólo hay que ver cómo recogen los principales periódicos gallegos la comparecencia de Julio Fernández Gayoso en la comisión del Congreso de los Diputados que investiga la crisis financiera. Cada cual se queda con lo que lo mejor le cuadra a sus intereses (a los de entonces y a los de ahora). El diario líder del Norte atiza a Gayoso casi con la misma contundencia con que el del Sur le exonera de las responsabilidades del fiasco en que acabó aquella operación impulsada por la Xunta de Feijoo, con la conselleira Marta Fernández Currás como brazo ejecutor.

El que durante cuatro décadas fuera el hombre fuerte primero de Caixavigo y después de Caixanova no dijo en esta ocasión nada que no hubiera dicho antes; lo novedoso, si acaso, fue un atisbo de autocrítica en cuanto a una serie de medidas que se podrían haber tomado para amortiguar los efectos letales de un tsunami que nadie vio venir. Gayoso insiste en que él nunca fue partidario de una fusión gallega, sino de alianzas de nuestras cajas de ahorro con otras de fuera, criterio que compartía entonces el Banco de España, que, sin embargo, por presiones políticas, acabó dando su bendición a la integración regional. Como siempre, Don Julio resalta que “su” caja gozaba de buena salud, sin excesiva exposición al ladrillo, y que nunca dejó de cumplir la función social que le daba sentido. Vamos, que Caixanova fue la víctima de una maniobra política que a su entender no podía salir bien, por más que se esforzaran quienes la orquestaron.

La comisión sobre las cajas en el Parlamento gallego está paralizada desde hace meses, por lo cual aún no ha hecho públicas sus conclusiones. Todos los grupos políticos, PP incluido, han coincidido más de una vez en la necesidad de reactivarla y de que no se cierre en falso. Hubo comparecencias muy reveladoras y sus señorías dispusieron de abundante documentación como para hacerse una idea cabal de lo que ocurrió desde antes de la fusión hasta la nacionalización y privatización de la efímera NCG. Otra cosa es que los protagonistas directos e indirectos de esta historia estén dispuestos a desprenderse de sus prejuicios para asumir lo que en realidad ocurrió.

Y es que, a pesar del tiempo transcurrido y de lo mucho que ha llovido desde la tormenta perfecta que se llevó por delante el sistema financiero gallego, nadie parece interesado en conocer la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Los partidos políticos, aquí y en Madrid, mantienen las mismas posiciones que defendieron en el momento de la integración forzosa de Caixa Galicia y Caixanova, al igual que los grupos mediáticos y otros “poderes” locales. A cada uno de ellos en su parcela le sigue resultando muy cómodo, y hasta rentable, seguir adelante con el culebrón de buenos y malos, donde todos, sin excepción, sobreactúan, lo cual, ya se sabe, siempre va en detrimento de la credibilidad argumental.

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