La patronal gallega sigue buscando presidente

El último, Antón Arias Diez-Eimil, apenas duró un año. La Confederación de Empresarios de Galicia ha tenido tres presidentes en cinco años, ninguno de los cuales llegó a completar su mandato. He ahí la prueba evidente de la grave crisis que arrastra la patronal gallega, consecuencia de una división interna entre las organizaciones provinciales, incapaces de ponerse de acuerdo para elegir un presidente de consenso aceptable y aceptado por todo el tejido empresarial. Aprovechando la celebración del Primero de Mayo, desde el ámbito sindical reclaman disponer cuanto antes de un interlocutor entre el empresariado, alguien que acabe con una situación de provisionalidad institucional que se está prolongando mucho más allá de lo razonable y que no beneficia a nadie.

Aplazada la asamblea inicialmente prevista para mayo, la CEG no tendrá presidente, si lo tiene, hasta bien entrado el mes de junio. Entre tanto, se maneja más de un nombre para ocupar el cargo que dejó vacante Antón Arias. Parece que ya hay quien se postula (o repostula). Dicen que hay contactos a varias bandas impulsadas por patrones que creen que esto problema hay que dejarlo resuelto, sí o sí, antes del verano, dando con la persona idónea, a la que habría que garantizar un mínimo de estabilidad mediante un compromiso de lealtad a respetar por todos los implicados.

El presidente de los empresarios pontevedreses, Jorge Cebreiros, es de los que tienen las ideas más claras. No propone ningún candidato, pero pone condiciones a quien se postule: ha de ser un empresario en activo, alguien que además disponga de tiempo para dedicar a las labores presidenciales y que esté dispuesto, si los ostenta, a renunciar a cargos provinciales y sectoriales para de ese modo representar a todos.

Lo de que esté al frente de un empresa lo dice Cebreiros para evitar que el patrón de patronos haga declaraciones como aquellas de Arias en las que se mostró partidario de una subida generalizada de salarios. Alguien que tenga que afrontar cada mes el pago de nóminas se lo pensará dos veces antes de decir algo así, sabiendo además que eso no es precisamente lo que piensan la mayoría de sus colegas. No sólo a Cebreiros, a otros dirigentes patronales les gustaría que “su” nuevo presidente no diera opiniones personales, ni se metiera en todo tipo de charcos, cuando habla como primer directivo de la CEG.

¿Un tipo gris? Por qué no. No se necesita carisma, ni ser una persona muy brillante, ni buen comunicador, si de lo que se trata es de trasladar a las mesas de diálogo social, a las instituciones y a la opinión pública los puntos de vista del empresariado que previamente se habrán cocinado en el comité ejecutivo de la CEG. La mayoría de los “hombres fuertes” (porque mujeres casi no hay) de la confederación no ven conveniente que el presidente sea una persona conocida y reconocida, que tenga un perfil propio o una personalidad muy marcada, porque eso sólo acarrea problemas. También preferirían que no haya sido otra cosa que empresario, a ser posible de éxito. Todos son conscientes de que de eso hay mucho en Galicia. Sin embargo tampoco se les escapa que entre los escasos afiliados a las patronales lo que menos abunda es ese tipo de gente.

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