El fraude del diputado ausente o del acta sin escaño

De siempre, Antón Sánchez es de los políticos que hablan claro. Suele llamar al pan pan y al vino, vino. El líder de Anova considera un fraude, con todas las letras, la actitud de su compañero de En Marea Xoán Hermida. Activista social de larga trayectoria, antiguo dirigente de Esquerda de Galicia y del Espazo Ecosocialista Galego, a Hermida le corresponde ocupar el escaño de En Marea en el Parlamento gallego al que renunció Juan Merlo, tras descubrirse que se atribuía en su curriculum un título universitario del que carecía. Sin embargo, ha decidido asumir la condición legal de diputado pero para no ejercer como tal. Recoge su acta y nominalmente será parlamentario, aunque sin cobrar el jugoso salario que le correspondería como tal, dice él, ni aprovecharse de las derechos y prerrogativas inherentes al cargo. Un átipica situación, sin precedentes conocidos. Algo que sin duda para mucha gente que votó las candidaturas de unidad popular debe resultar disparatado.

Con su decisión este destacado militante de la Marea pontevedresa impide que la vacante del “podemita” Merlo sea ocupada por otro miembro de Podemos y de paso mete presión a Paula Quinteiro y a quienes defienden la continuidad en O Hórreo de la joven diputada que protagonizó un hace unas semanas un altercado nocturno con la Policía Local compostelana y que se niega a renunciar, por más que se lo exija el portavoz Luis Villares y parte de su grupo parlamentario. Lo paradógico es que Xoán Hermida había anunciado que no se incoporaría al Parlamento aunque dimitiera Quinteiro por coherencias con su modo de entender la ejemplaridad en`política, ya que él mismo se vio envuelto en un incidente similar en Pontevedra, una discusión con los agentes municipales por un problema de aparcamiento indebido.

En opinión de Antón Sánchez, no es serio ni es de recibo utilizar un acta parlamentaria, que se ha poner al servicio de los ciudadanos a quienes se representa, como arma en una disputa interna de un partido, como la que se le libra ahora mismo -por lo que se ve, a cara de perro- entre las distintas familias, sectores o sensibilidades que conviven en el seno de En Marea. Téngase en cuenta que Hermida es muy afín a Villares y le apoya abiertamente en su intento de exigir a Quinteiro que haga mutis y entregue el escaño cuanto antes, algo que para el líder de Anova se parece bastante a un chantaje puro y duro. En el momento en que Quinteiro se vaya a casa, el ahora “diputado ausente” renunciará al cargo para que corra la lista y de ese modo Podemos recupere lo que perdió con la marcha de Merlo.

A fin de cuentas, aunque Sánchez no lo diga por respeto a sus compañeros de viaje en el espacio rupturista (y por no echar más leña al fuego), llegados a una situación límite, seguramente Podemos aceptaría entregar la cabeza de Paula Quinteiro, como entregó la de Merlo, siempre que se le garantizase que mantendrá el mismo número de asientos que ahora tiene en el hemiciclo de O Hórreo. Si no hay tales garantías, y alguien pretende aprovecharse partidariamente de la coyuntura, la crisis se acabará enquistando. En ese caso, son muchas las posibilidades de que la aventura política de En Marea termine como la de AGE, en un nada edificante espectáculo de juego de las sillas, con varios “mareantes” en un grupo de no adscritos nada mixto, incluso más cohesionado que el surgido de las elecciones de septiembre de 2016. Eso, que el rupturismo se romperías, es lo que vaticinaron al inicio de la legislatura algunas voces del PP, del PSOE y del Benegá. Se admiten apuestas.

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