Un empresario es un patrón, no otra cosa

No le falta razón a Antonio Fontenla cuando dice que un presidente de la patronal gallega tiene que reservarse sus opiniones personales para el ámbito familiar o para su círculo de amistades. Se refiere al recién dimitido Antón Arias, que en declaraciones a la prensa defendió una subida de salarios “por justicia social”, apostó por revisar la reforma laboral ante la precarización del empleo que ha generado y hasta se apuntó al bando de quienes defienden la posibilidad de un referéndum pactado para Cataluña. Ahí es nada. Tan mal sentó su posicionamiento sobre la crisis catalana entre el empresariado, que dos de los antecesores de Arias, el pontevedrés Fernández Alvariño y el ourensano Dieter Moure, salieron a la palestra para reclamar una dimisión que se haría efectiva tres meses después, aunque no por ese motivo.

Ciertamente Antón Arias Díaz-Eimil era un líder atípico para la Confederación de Empresarios de Galicia. Desde el minuto uno en que aterrizó en la sede de la CEG, en la compostelana rúa do Villar, y a la vista de su peculiar perfil y de su singular forma de entender el cargo que asumía, muchos en la propia patronal se preguntaban aquello de qué hacía un chico como él en un sitio como ese. Eso sí, los periodistas nos frotábamos las manos, convencidos de que, mientras durara, nos iba a dar mucho juego. Porque no rehuía ninguna pregunta, hablaba con inusual libertad y franqueza y en cada entrevista regalaba unos cuantos titulares redondos.

Ya entonces suponíamos –y ahora lo sabemos por boca de Fontenla- que el tamaño de esos titulares de prensa era proporcional al descontento que provocaban entre el común del empresariado, no digamos entre aquellos patronos y patronales que le habían recibido con todas las reticencias del mundo. Los que le conocían de antemano, no se fiaban mucho de él, y a los demás los fue poniendo en guardia a medida que se sometía a las preguntas de la Prensa y dejaba esas perlas que se pueden recuperar con solo teclear su nombre y su primer apellido en Google.

Fontenla no lo puede decir más claro: el sustituto de Antón Arias –que se elegirá en mayo- tiene que ser alguien que conozca y asuma sin reparos la “filosofía” de la CEG. El empresario coruñés no lo dijo así, pero es evidente que en su opinión no puede aspirar a presidir la principal organización patronal gallega alguien que parece estar más cerca de los posiciones de los sindicatos, y de los partidos de izquierda, que de los intereses de los dueños de las empresas a los que teóricamente representa. Vamos, que un líder empresarial, por muy progre y liberal que sea, no se puede confundir de bando.

A Fontenla sólo de faltó decir que Arias en su “casa” diga y haga lo que quiera, que suba sueldos, amplíe las vacaciones de su personal, o haga referéndums, pero cuando representa a la CEG tiene que ponerse el traje de patrón y meterse en el papel, por muy incómodo que le resulte. De lo contrario, podría añadir Don Antonio, siempre le quedará la posibilidad de encabezar uno de esos centros empresariales “que dan comidas” (léase círculos de empresarios o clubes financieros). Esos puestos lucen y no desgastan.

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