Sin temor a Ciudadanos

En el cuartel general del Pepedegá no se detecta una especial inquietud ante el avance de Ciudadanos en intención de voto que indican varias encuestas publicadas en los últimos días. Siguen creyendo que, también en eso, Galicia es sitio distinto. Aquí los de Rivera no suponen, al menos por hora, una amenaza creíble para la histórica hegemonía del partido fundado por Fraga, por mucho que el panorama político nacional esté sufriendo una profunda transformación que arrumbará para siempre el modelo de bipartidismo imperfecto del que se beneficiaron PP y PSOE desde la Transición hasta ayer mismo. En este rincón de España los cambios, si lo hay, se operan a un ritmo mucho más lento, o no son tan drásticos.
En el equipo de Feijoo no se discute que Ciudadanos alcanzará en la comunidad gallega, incluso a corto plazo, la cuota “razonable” de presencia pública, tanto mediática como institucional, de la que aún carece. Creen, sin embargo, que no será a costa de la clientela natural de los “populares”. Será, si acaso, una irrupción muy discreta en comparación con la que se va a producir –ya se está produciendo- en el resto de España, entre otras razones porque el mensaje de Cs carece aquí de altavoces relevantes y los (escasos) prescriptores de referencia gallegos están inequívocamente alineados con el PP –la gran mayoría- o con la actual oposición al PP, sin términos medios.
En la sede del PP gallego dan por sentado que, de cara a las municipales del año que viene, el partido naranja, de rebote, hasta puede conseguir alguna que otra alcaldía de localidades intermedias, donde, desde luego, gracias al viento que sopla a su favor, irrumpirá con un buen número de concejales a poco que acierte (o no dé el cante) en la “captación” de candidatos. Los de Don Alberto tienen experiencia en eso de que partidos de izquierda, de supuesto centro, o presuntamente independientes se pongan de acuerdo para desbancar a un alcalde “pepero”. Sin embargo, los estrategas del Pepedegá tampoco descartan que Ciudadanos les ayude a conseguir algún sillón de mando, aunque solo sea por coherencia ideológica, o por pura aversión a las mareas y a sus devaneos populistas y soberanistas.
Así las cosas, reconocen algunas voces, que eventualmente el PP gallego resista mejor que otros la ofensiva de Ciudadanos en su feudo le hará ganar aún más peso en la calle Génova y hasta en Moncloa (donde ya procura hacer valer que Galicia es la única autonomía gobernada con una mayoría absoluta dos veces revalidada, en tiempos especialmente adversos para la derecha). Y eso, de paso, agrandará aún más la figura política de Alberto Núñez Feijoo, que ya hace tiempo dejó de ser uno de los “barones” del partido para convertirse en el superbarón, con preferentes derechos sucesorios.
Por razones obvias, a Rajoy no hace falta que nadie le haga ver la creciente importancia que los votos y los diputados gallegos pueden llegar a tener a la hora de amortiguar un serio revés de los populares en las próximas –y no tan remotas- elecciones generales. El día que le empiece a fallar Galicia, entonces sí, el PP nacional tendrá su supervivencia seriamente amenazada.

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