El mutis de Carlos Callón

Carlos Callón, el más longevo y carismático de los presidentes que ha tenido la Mesa pola Normalización Lingüística está de retirada. Acaba de anunciar que no se presenta a la reelección en la próxima asamblea, a finales de este mes. Su más estrecha enemiga, Gloria Lago, cabeza visible de Galicia Bilingüe, con la que “compartió” tantos y tantos duelos dialécticos, lo despide en la última entrada de su blog. Lo hace con unos cuantos puyazos, pero sin ensañarse demasiado, contrariando seguramente a su parroquia, para la que Callón era una auténtica bestia negra, el enemigo público número uno, en definitiva la encarnación de la imposición lingüística.

Bien mirado, Callón y Lago se deben mucho recíprocamente. Es probable que ninguno de los dos hubiera alcanzado el grado de notoriedad mediática y social que en un momento dado consiguieron sin la colaboración del otro. En los últimos años de la Xunta bipartita PSOE-BNG se desató una gran ofensiva cívica contra la política de normalización del gallego en la enseñanza, a la que se daba una notable vuelta de tuerca. La obligación de estudiar determinadas asignaturas en lengua gallega siempre había tenido detractores, aunque eran pocos, casi invisibles, y nadaban contra una poderosa corriente. Con esta polémica eclosionaron los “antinormalizadores”, al tiempo que parecían concitar significativos apoyos ciudadanos.

En una primera fase la Mesa y el embrión de Galicia Bilingüe coincidieron en criticar, desde posiciones opuestas, el alcance del nuevo marco legal de 2007. Para unos se quedaba estrecho y para los otros suponía llegar demasiado lejos. Hubo fases agudas en las que casi nadie parecía ajeno a aquella controversia, que fue abierta y oportunamente utilizada por quienes querían acabar con el gobierno de Touriño y Quintana a cualquier precio. La emplearon a fondo como una baza partidista que a la larga resultó ser muy rentable para quienes supieron jugarla.

Con el retorno del Partido Popular a San Caetano se recrudeció el debate idiomático. Feijoo se había comprometido a revocar el decreto que imponía la presencia ampliamente mayoritaria del gallego en el currículum escolar. Tras un largo proceso de cocinado, se promulgó un nuevo decreto, el actualmente en vigor, que tenía la virtud de no contentar a nadie. Hasta ayer como quien dice, Callón y Lago se cansaron de confrontar en diferentes foros sus puntos de vista sobre el papel del gallego en la escuela y en la sociedad. Disfrutaban retándose, nunca se rehuían. Por eso, cabe sospechar que ahora se van a echar de menos.

A la vista de que el propio Callón habló de una candidatura de continuidad respecto al actual equipo directivo, se da por casi seguro que lo sustituirá su más estrecha colaboradora, la hasta ahora secretaria general de la Mesa, Iria Taibo Corsanego. Se trata, en expresión de Galicia Bilingüe, de una profesional del idioma, alguien que vive de la lengua. No es una filóloga, sino licenciada en traducción e interpretación, especializada en gallego, portugués, inglés y castellano y ya con unos cuantos años de experiencia. Al igual que Callón, es una activa militante nacionalista en varios frentes. También en el ámbito político: fue en 2011 la candidata número tres del Benegá al Concello de Oleiros con cuya organización está directamente comprometida.

Salvo improbables sorpresas, en el futuro Gloria Lago se las tendrá que ver con una mujer. Eso le dará a los futuros duelos idiomáticos, si los hay, una nueva dimensión y tal vez otros alicientes. Aunque todo indica que esas “liortas” perdieron el interés que algún día pudieron tener para el ciudadano de a pie. Ahora estamos en otra guerra, la de sobrevivir cada día.

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