Beiras o el posibilismo radical

No es la primera vez que lo dice. Xosé Manuel Beiras cree que Galicia no es Cataluña y que aquí un planteamiento independentista está fuera de lugar, porque no existe ni de lejos una conciencia social equiparable a la catalana. No hay la masa crítica necesaria para impulsar un movimiento de ese tipo, ni tiene visos de vaya a haberla a corto o medio plazo. Por ello, el viejo profesor es partidario de poner los pies en la tierra orientando la lucha política del nacionalismo gallego hacia un estado federal-confederal, que además solamente podría alcanzarse, con el apoyo de la izquierda federalista, si se ponen de acuerdo el conjunto de los territorios de España que tienen conciencia nacional.

Frente a quien le ataque por ese flanco, Beiras se autodefine abiertamente partidario de la independencia de Galicia, aunque reconoce que en su larga trayectoria nunca actuó como tal. Quienes compartieron con él militancia en sus distintas etapas recuerdan que ni el PSG ni en el Bloque defendió nunca postulados soberanistas, del mismo modo que desde el punto de vista ideológico tampoco llegó a enarbolar en ningún momento planteamientos marxistas-leninistas o comunistas, sino más bien socialdemócratas. En uno y otro caso, lo suyo fue siempre puro posibilismo. O un ambicioso pragmatismo, el único capaz de sintonizar con amplias capas sociales.

Solo quienes conocen bien ese mundo son capaces de entender hasta qué punto era injusta la imagen de un Beiras extremista y radical que se proyectaba en Madrid cuando lideraba el Benegá, a partir de algunos de sus histriónicos gestos, en la línea dura de oposición a Fraga, como el famoso zapatazo. Había a quien le convenía mucho presentarlo como un político asilvestrado y montaraz, a él que tanto se esforzó en bajar del monte a sus más irreductibles compañeros de viaje, la Upegá y compañía. Nadie estaba dispuesto a reconocerle el mérito de haber convertido aquella gran casa común del nacionalismo gallego en un lugar incómodo para quienes coqueteaban o simpatizaban con la violencia.

Lo ser un eterno incomprendido incluso para muchos de sus compañeros de viaje es como una seña de identidad del autor de “O atraso económico de Galicia”. Parece que la llevara en el ADN. Eso explica las dificultades a las que se enfrenta actualmente en su intento de convencer a una buena parte de la militancia de “Anova” de que hay que seguir apostando por el modelo AGE, de gran coalición con Izquierda Unida y sus equivalentes en determinadas comunidades, para las inminentes elecciones europeas y en su caso de cara a las municipales de 2015.

Don Xosé Manuel sabe donde más le duele al Benegá y le lanza pullas cada vez que tiene ocasión. Esta vez, sin mencionarlos, acusó a los de Vence de rayar en la paranoia. Acepta que no se integren en la plataforma estatal y que prefieran otra vía para llegar a Estrasburgo, pero no entiende que vean a AGE como un enemigo y menos todavía que demonicen esa alternativa cuando en el fondo comparten muchos de sus objetivos, fundamentalmente la necesidad de quebrar el actual sistema institucional, político y económico para alumbrar uno nuevo. En resumidas cuentas, para Beiras son los “bloqueiros” los que no andan perdidos. Él lo tiene claro. En ese trance, la cuestión identitaria puede quedar aparcada. La prioridad es una salida social a la crisis.

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