El futuro de NGB divide al nacionalismo

La postura “oficial” es la que proclama Xavier Vence, partidario de una banca pública gallega con todas las consecuencias, pero en las “ringleiras” del nacionalismo institucionalizado hay posiciones contradictorias y un fuerte debate interno sobre cuál de las opciones de futuro que se le presentan a NGB es en realidad la mejor para el interés general de Galicia. Ya sucedió algo parecido cuando Feijoo puso sobre la mesa la integración de Caixa Galicia y Caixanova. Aquello generó una seria división de opiniones, que alcanzó su punto álgido al verse el Bloque obligado a definirse a favor o en contra de la iniciativa de la Xunta. Que se lo digan al actual portavoz frentista.

Economistas del ala socialdemócrata del Benegá y de Compromiso por Galicia, entre otros sectores, se alinean con el actual equipo directivo de Novagalicia. Defienden que la menos mala de las salidas es la planteada por Castellano y González Bueno: que la entidad resultante de la fusión de las antiguas cajas sea vendida a un fondo de inversión extranjero. El capital foráneo no se inmiscuiría en la gestión mientras se le garantizase una rentabilidad a la inversión, además parcialmente blindada por el dichoso “Esquema de protección de activos”. Seguramente se mantendría la sede social o centro de decisión en territorio gallego y, lo que es más importante, todo lo que suponen los servicios centrales. Son cientos de empleos directos de alta cualificación y muchos más indirectos a través de proveedores de servicios básicos o avanzados.

Es un planteamiento realista, porque en la actual tesitura el gobierno gallego no dispone de los recursos precisos para “comprar” el banco, si por tal entendemos reintegrar al FROB, aunque sea en cómodos plazos, una parte sustancial de los nueve mil millones de euros invertidos en el saneamiento de NGB, más la liquidez de las preferentes o el reintegro de las cláusulas suelo anuladas. Además, el tiempo corre en contra de una fórmula de ese tipo, dado que el Gobierno tiene prisa por deshacerse de unos incómodos “zombis” que empiezan a pudrírsele entre las manos.

También hay por ahí desde hace años -en la órbita nacionalista más radical, al margen del Benegá o de Anova-, la propuesta de crear “ex novo” una “Caixa Nacional da Galiza”. Para ello la fórmula ideal es la de cooperativa de crédito, a la manera de Caixa Rural Galega. Se nutriría con pequeñas aportaciones de particulares, de empresas o de instituciones sociales, que renunciarían al manejo político de la entidad aunque no a su control, dejando la gestión en manos de profesionales responsables, prudentes y comprometidos con la economía real del país. Quienes apadrinan la idea de la “caja nacional” dieron por perdida hace ya tiempo la batalla por supervivencia de NGB o por que se mantuviera en manos gallegas.

Donde sí hay coincidencia entre las distintas corrientes del pensamiento económico nacionalista y sintonía plena el gobierno Feijoo es en que la peor viene a ser la más probable de las opciones: que Novagalicia Banco, bien entero o troceado, sea adquirida por el Santander, el BBVA o Caixa Bank. Ahí se acabaría todo, aunque se mantuviera la galleguidad en la marca o se garantizase una cierta autonomía de la red territorial (como hizo el Popular con el Pastor). Desaparecería irremediablemente la última pieza de lo que fue el sistema financiero gallego y con ella la autonomía económica, sin la cual el autogobierno acabará siendo un querer y no poder.

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